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Management
MERCADO
28 de Agosto de 2015

Grimoldi: ``Aprendí que el consumidor es el soberano

El presidente de la centenaria compañía de calzado cuenta como se amoldaron a estos tiempos de mercado segmentado. Habla de la necesidad de valorar más a los dirigentes y a la competencia.

Una foto antigua, en una de las paredes de las oficinas de Grimoldi, en Castelar, muestra el primer edificio de la firma, que se ubicaba en el barrio de Once, donde hoy funciona un conocido supermercado sobre avenida Rivadavia. Allí, el abuelo de Alberto Grimoldi, actual presidente de la empresa, inició el sueño de crear esta gran compañía -el año que viene cumplirá 120 años-, que vende 3 millones de pares de zapatos por año, cuenta con 120 locales de venta propios y da empleo a unas 1.200 personas.

Grimoldi, premiado por la Asociación de Dirigentes de Empresa (ADE) como uno de los empresarios del año, cuenta como se formó la empresa, los vaivenes que vivió y pide que se le de más valor a la competencia y a los empresarios.

- Usted tiene una historia familiar antigua relacionada con el calzado
- Sí, en sus orígenes viene Tomás Grimoldi al país, alrededor de 1860 a la Argentina desde el norte de Italia. Era una Europa complicada y donde se empezaba a ver a la Argentina como una tierra de promisión. Sus conocimientos eran de calzados y entonces empieza como zapatero, a arreglar zapatos. Tiene tres hijos varones y con el tiempo, hacia 1895, dos hermanos al que se le une el tercero generan una sociedad entre Grimoldi y su cuñado, Grisetti. Luego Grisetti se separa de la sociedad y luego se incorpora otro hermano y ahí empieza la empresa Grimoldi.

- Por los años que han transcurrido desde su creación estamos hablando de una de las empresas argentinas con más trayectoria
- Seguramente. No hay muchas empresas que hayan estado tantos años y muchas de las empresas que tienen su tiempo se fueron vendiendo, dejaron de ser de la familia original. Que una empresa sea de una familia tantos años a mi entender no es ni bueno ni malo, pero es un hecho.

EL SALTO
- ¿Y cómo se fue consolidando Grimoldi?
- La Argentina de 1880 a 1915 pega un salto económico muy grande, y avanza Grimoldi. El talento de mi abuelo, Alberto, que era el que lideraba ese grupo era importante. Al fallecer quedan tres herederos, Alberto mi padre, Carlos, un tío mío y Antonia, mi tía. En las empresas de familia cuando hay un jefe definido, la cosa funciona normalmente. Pero mi padre muere a los 44 años, muy joven, en 1953. Y con el tiempo aparecen nueve primos que se casan, maridos, esposos y la convivencia societaria de ese tipo o se hace con mucha inteligencia o genera problemas, que fue el caso nuestro. Yo era presidente de la sociedad, me alejé y quedaron primos míos. A fines de los 80 aparecieron mis primos diciendo que la sociedad se iba a presentar en convocatoria. Y de haber sido la número uno de Sudamérica cuando Argentina era número uno en Sudamérica, estaba muy mal. Recordemos que Argentina era 30 por ciento más rica que Brasil, tenía un producto bruto anual mayor que Brasil. Y hoy tiene un 25 por ciento del Producto Bruto de Brasil. Retomamos la empresa con algunos socios míos. Y la empresa resurge en 1990 en parte porque resurgen muchas otras actividades. Luego se desata una crisis de 2001 donde perdimos casi el 60 por ciento del patrimonio, todo el mundo la pasó muy mal. Y del 2003 en más la sociedad volvió a crecer junto con la Argentina que salía de una depresión muy grande. Y no hay más zapatos Grimoldi, hay marcas como Hush Puppies, Kickers, Caterpillar, Merrell, Vans, American Pie.

- ¿Por qué ya no se hacen con la marca Grimoldi?
- Porque hoy se segmenta el mercado. Unos son para chicos, otros son para mujeres. Y una sola marca que abarque todo es complicado, limita el mercado. Contamos con una fábrica en Arroyo Seco en provincia de Santa Fe del año 2008, que produce alrededor de 70 mil pares de zapatos por mes, y compramos alrededor de 1 millón y medio de pares a otras fábricas con nuestras marcas, e importamos alrededor de 500 mil pares.

- ¿Fue difícil remontar la empresa?
- Es difícil dar vuelta una empresa. Cuando volvimos a fines de los ochenta la percepción era que vendíamos zapatos para viejos o chicos, buenos pero caros, lo más alejado del mundo de la moda. Había que cambiar, y por eso se acabaron los zapatos Grimoldi y se hicieron estas nuevas marcas.

- ¿Hay modelos que usted siguió de joven, gente que admiraba, de su familia?
- De mi familia pocos porque mi padre murió cuando yo tenía once años. Tengo una teoría, yo creo que en general las personas cuyos padres mueren muy joven tienen que arreglárselas solos mucho más que otros y rebuscárselas. Y yo trabajaba y estudiaba, y tenía un impulso a tratar de reivindicar valores y performances de mi padre a quien casi no conocí. Y eso lo he visto en otras personas cuyos padres también murieron jóvenes. Es como un impulso que te dice: `bueno al no estar tu padre, demostrá vos que valés'. Tambien fui director de una compañía de calzado durante 20 años en Estados Unidos. Cada dos meses y medio iba a una reunión de directorio allá, me acabo de retirar porque a los 72 años es obligatorio retirarse. Aprendí muchísimo allá a lo que es luchar, pelear, competir, tratar de que tu producto sea lo mejor del mercado, deseado por el mercado, como el consumidor es un individuo, un soberano, y vos lo tenés que servir porque ese es tu negocio. Servir a ese consumidor, que vos le sirvas a él, el es el que te marca el camino.

- Uno a veces piensa que el empresario es el que marca el camino
- El empresario lo que tiene que hacer es percibir ese mercado, entender el mercado, ver como atacar. El objetivo del empresario es ganar dinero y tratar de que esa sociedad prospere. Los retiros de dinero de esta sociedad son casi nulos a lo largo de estos años porque lo que hemos hecho es crecer y crecer de la nada hasta hoy. Del 2001 que vendimos 600 mil pares a los tres millones de hoy implica mucha inversión, hacer una fábrica.

LA COMPETENCIA
- ¿Cómo observa la relación entre los empresarios con la sociedad?
- La Argentina culturalmente está profundamente equivocada. Es un país donde no se valora a la clase empresaria. Quizás porque muchos empresarios hicieron la acumulación de capital de la mano del estado. El empresario es un tipo que tiene valores, que compite y pelea por su mercado. Y eso hace que la productividad crezca y que la gente sea más rica. Y cuando ese empresario no existe o se lo ataca cae el nivel de vida de los argentinos. Es un error fenomenal no darle a los empresarios los méritos que el empresario tiene, y solo ver la cosa mala. Por supuesto que hablamos del empresario que opera dentro de la ley, que compite. Es importante la competencia porque es lo que hace que veas como puedo mejorar para ganar, y mejorando como empresario mejorás el ingreso de la sociedad vía productividad. Todo lo demás es mentira. Las sociedades crecen cuando la productividad media crece. Cuando vos no valorás eso no vas a crecer o vas a crecer menos que el resto. La Argentina ha crecido la mitad de lo que creció el mundo en los últimos 60 años. Fuimos la sexta economía del mundo en ingreso por habitante y hoy estamos 50.

- ¿Imaginemos que ya estamos en noviembre de 2015 y ya tenemos al nuevo presidente argentino electo, y está frente a usted para charlar. ¿Que le diría o pediría?
- Yo le diría que enfatice las instituciones políticas y económicas, que le den futuro a Argentina. Que entienda que la inflación la genera un defícit fiscal monetizado por el Banco Central, después pueden haber otras cosas, pero esto lo inicia. Y que nos integremos al mundo para competir.


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